HISTORIA 04
← Todas las historias

Oh, no. ¡Tenía que pedirle matrimonio!

AnilloUn anillo pensado para una propuesta perfecta terminó colgado de un llavero durante años.

Es curioso como las cosas a veces tienen que ocurrir: sí o sí. Es como si el destino ya tuviera sus planes preparados de antemano, aunque nosotros nos emperremos en seguir el camino que creemos correcto.

Este es el caso de Martín, mi marido. Tan despistado como romántico.

Ese día lo tenía todo planeado. Tenía una novia a la que quería con devoción, tenía las entradas, tenía un momento que lo haría especial y, sobre todo, tenía el anillo.

Lo pensaba hacer al terminar el evento. Se arrodillaría en el estadio y le pediría a su amor que se casara con él. Durante la tarde, estuvo muy nervioso. Al preguntarle, él siempre decía que era por qué sería un día histórico. Que la gente recordaría ese día toda su vida. Pero, la verdad, era por qué cada cinco minutos su mano bajaba al bolsillo del pantalón para comprobar que el anillo seguía allí.

Durante el desfile, él repetía la frase que pensaba decir al terminar el evento: ¿quieres casarte conmigo? o mejor ¿te gustaría casarte conmigo?. Quizás mejor “casémonos”. Más directo.

Pero al salir Montserral Caballé y Freddie Mercury al campo y cantar esa canción, pues se dejó llevar por el momento. Se olvidó del anillo. Vivió intensamente el momento, olvidándose de lo que tenía en mente.

Luego las luces del campo se apagaron y una flecha ardiendo salió disparada hasta el gran pebetero y todo el estadio gritó de emoción. Él abrazó a su novia y juntos lloraron de emoción.

Las prisas de salir no ayudaron a que mi marido se acordara de que tenía un anillo en el bolsillo y el hacer cola para poder llegar a la calle, no ayudó. Fuera, se encontraron a unos amigos y para cuando se dio cuenta de lo que se había olvidado, ya estaba en casa.

Al quitarse los pantalones un ruido le recordó lo inevitable. Se había olvidado.

Luego las cosas se oscurecieron entre los dos y lo que un día sintió por esa chica se empezó a diluir. Así que el día que lo dejaron, mi marido se sentó al borde de la cama y miró con tristeza el anillo. Ya nunca podría ser para ninguna otra chica. Ese anillo era otro anillo más de las Olimpiadas. Ese anillo se lo merecía Cobi. Así que cogió un llavero con el Cobi haciendo halterofilia y se lo puso a él.

Años más tarde, cuando visité por primera vez su habitación, me fijé en el anillo colgado de su corcho con el Cobi descolorido y al preguntarle por esa rareza, me contó la historia.

De alguna manera, puedo creer que mi marido se casó con las Olimpiadas, ya que el día de nuestra boda, sonó el himno de la Caballé con el Mercury. A él le hacía feliz y a mí me hacía feliz él.

PD: Mi anillo es mucho más bonito. ¡Y tiene cinco diamantes!

FIN

TU HISTORIA TAMBIÉN IMPORTA

¿Tú también guardas algún recuerdo?

Una fotografía, un objeto, una noche concreta o una historia que todavía cuentas. Compártela conmigo.

Mandar mi recuerdo

CONVERSACIÓN

Comentarios de lectores

Los comentarios se revisan antes de publicarse.

Todavía no hay comentarios publicados.

←→