obra de teatro de humor con actores en escena

Qué le falta a una comedia para funcionar de verdad

obra de teatro de humor con actores en escena

Hay comedias que hacen reír. Y hay comedias que funcionan.

No es lo mismo.

Una comedia puede arrancar risas, tener escenas brillantes, incluso un público entregado… y aun así dejar una sensación rara al final. Como si todo hubiera estado bien, pero algo no terminara de encajar. No sabes explicar qué ha fallado, solo notas que la obra no pesa como debería.

Esta entrada va de eso. De lo que le falta a una comedia para funcionar de verdad, más allá de la gracia puntual.

Hacer reír no es el problema

El error más común es pensar que, si el público se ríe, la comedia ya está resuelta. Es comprensible. La risa es inmediata, visible, tranquilizadora. Parece una prueba objetiva.

Pero la risa es local.
La obra es global.

Una comedia puede hacer reír por:
– un personaje gracioso
– un diálogo ingenioso
– una situación reconocible
– una interpretación muy eficaz

Nada de eso garantiza que haya obra.

Cuando una comedia no funciona del todo, rara vez es porque no sea graciosa. Suele ser porque no sabe hacia dónde va.

El síntoma más claro: escenas que no dejan huella

Si al terminar la función recuerdas momentos sueltos, pero no una progresión clara, ahí hay una pista.

Escenas graciosas no son lo mismo que escenas necesarias.

Una escena necesaria:
– empeora algo
– deja una consecuencia
– limita opciones
– fuerza al siguiente movimiento

Una escena que solo hace reír puede ser brillante… y aun así sobrar.

Este es uno de los puntos donde más se pierde una comedia: cuando empieza a acumular escenas que funcionan solas, pero no empujan el conjunto. Te lo digo yo que, equivocándose, uno acaba aprendiendo. Mira mi catálogo de obras de teatro de humor y comedia.

Lo que suele faltar no es texto, es estructura

Cuando algo no acaba de funcionar, la tentación es escribir más. Añadir explicaciones. Reforzar el chiste. Alargar el remate. Ajustar el diálogo.

Casi nunca es eso.

Lo que suele faltar es una estructura clara de empeoramiento.

Una comedia que funciona de verdad tiene algo muy concreto:
cada decisión cuesta más que la anterior.

No hace falta que pase algo enorme. Hace falta que lo pequeño deje marca.

Si una escena podría eliminarse sin que nada cambiara después, esa escena no está haciendo su trabajo.

El marco: el suelo sobre el que pisa todo

Muchas comedias empiezan con una buena idea, pero no con un buen marco.

Un marco no es una anécdota. Es una condición que encierra. Algo que, una vez aceptado, no se discute más.

Cuando el marco es débil:
– la obra depende del ingenio
– el texto carga con todo
– cualquier escena puede ir en cualquier lugar

Cuando el marco es fuerte:
– las escenas se sostienen solas
– los personajes no tienen escapatoria
– el público entiende rápido el juego

Si notas que tu comedia necesita justificarse constantemente, probablemente el marco no está haciendo suficiente trabajo.

Personajes que insisten donde no toca

Otro punto clave: los personajes.

En comedia, el problema no es que los personajes no evolucionen. Es que evolucionan cuando no deberían.

Un personaje cómico funciona porque tiene una forma equivocada pero coherente de enfrentarse a los problemas. Controla, evita, moraliza, se victimiza, impone, huye.

Cuando aparece un conflicto, no se adapta: insiste.

Si un personaje aprende, reflexiona y corrige, la comedia se apaga. No porque esté mal escrito, sino porque la obra se queda sin motor.

Muchas comedias flojean porque sus personajes son razonables. Y lo razonable, en escena, suele ser aburrido.

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El choque importa más que el conflicto

A menudo se habla de conflicto, pero en comedia lo decisivo es el contraste.

Dos personajes que piensan distinto pueden discutir y llegar a un acuerdo.
Dos personajes que actúan distinto ante el mismo estímulo no.

Uno necesita decidir ya.
El otro necesita aplazar.

Uno dice la verdad sin filtro.
El otro evita cualquier confrontación.

No discuten ideas. Discuten maneras de estar en el mundo. Y eso no se resuelve hablando.

Cuando una comedia no termina de funcionar, muchas veces es porque los personajes podrían entenderse con una conversación tranquila. Y si eso es posible, la obra no tiene recorrido.

La escalada: repetir no basta

Repetir un gag no es escalar.
Escalar es repetir pagando un precio mayor.

Una situación graciosa que vuelve igual no suma. Se gasta.
La misma situación, con una consecuencia añadida, crece.

Si una comedia se queda plana, revisa esto:
¿qué se pierde cada vez que el error se repite?

Si la respuesta es “nada”, ahí está el problema.

El ritmo no es velocidad

Otra confusión habitual: pensar que ritmo es ir rápido.

El ritmo tiene más que ver con decidir cuándo parar.

Entrar tarde en las escenas evita explicaciones.
Salir pronto evita matar el remate.

Muchas comedias no funcionan del todo porque no saben cortar. La escena llega al punto justo… y sigue. Se comenta. Se explica. Se asegura la risa.

Y ahí se enfría.

Saber cortar es una de las habilidades menos visibles y más determinantes de la comedia.

El final no arregla nada (y por eso importa)

Una comedia que funciona de verdad no necesita un final espectacular. Necesita un final coherente.

El final no está para arreglar el problema, sino para mostrar hasta dónde ha llegado.

Cuando el final parece un añadido, un cierre amable o una solución externa, el público lo nota. Aunque haya reído mucho antes.

Pensar el final no es pensar la última escena. Es pensar qué pasa si nadie aprende nada. Y asumirlo.

Entonces, ¿qué le suele faltar a una comedia?

Casi nunca le falta gracia.
Le suele faltar una de estas cosas:

– un marco que encierre de verdad
– personajes que insistan en su error
– escenas que dejen consecuencias
– una escalada clara
– cortes a tiempo
– un final pensado desde el principio

No es poco. Pero tampoco es misterioso.

Una última idea útil

Si estás escribiendo una comedia y algo no termina de funcionar, prueba este ejercicio simple:

Lee la escaleta y pregúntate en cada escena: ¿qué empeora aquí?

Si no sabes responder con una frase clara, la escena no está haciendo su trabajo.

No se trata de escribir más gracioso. Se trata de escribir con más decisión.